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una bicicleta llamada Brisa

  • hace 5 días
  • 1 Min. de lectura

Había una vez una bicicleta llamada Brisa, que vivía apoyada en la pared de una pequeña casa al borde del bosque. Su dueño, un niño llamado Mateo, la usaba todos los días para recorrer caminos, subir colinas y descubrir nuevos lugares.

Brisa estaba orgullosa de ser rápida. Le encantaba cuando el viento golpeaba sus ruedas y sentía que volaba. Un día, mientras Mateo descansaba, escuchó a un coche burlarse desde la carretera:

—¿De qué te sirve ser ligera si nunca podrás ir tan rápido como yo?

Brisa se quedó en silencio. Por primera vez, dudó de sí misma.

Al día siguiente, Mateo decidió ir más lejos de lo habitual. El camino se volvió estrecho, lleno de piedras y raíces. El coche, que había tomado un atajo, quedó atrapado en el barro sin poder avanzar.

Brisa, en cambio, siguió adelante sin problema, esquivando obstáculos y avanzando poco a poco. No era la más rápida, pero podía llegar a lugares donde otros no podían.

Cuando regresaron, Brisa comprendió algo importante: no tenía que compararse con nadie. Su valor no estaba en ser la más veloz, sino en lo que era capaz de hacer.

Desde ese día, cada vez que sentía el viento, ya no pensaba en competir… sino en disfrutar del camino.

Moraleja: No necesitas ser mejor que otros, solo descubrir aquello que te hace único y aprovecharlo.


 
 
 

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